EL MUNDO A TRAVÉS DEL VINO

Uvas de Algarve (Portugal) en historia del vino de Navaridas

¿Por qué PORTUGAL?

Navaridas celebra su VII Encuentro de la cultura e historia del vino de Navaridas-Rioja Alavesa, que siempre dedica a un país o región productor de vino, y a su historia. Este año lo hemos dedicado a Portugal; veamos por qué.

Portugal
es un importante productor y exportador de vino y los portugueses están orgullosos de sus vinos.

Se trata de uno de los diez exportadores de vino más importantes del mundo y el decimosegundo consumidor. Destaca en el consumo por habitante, con 51, 4 litros, por delante de Francia e Italia.

La creciente calidad y el carácter exclusivo de los vinos portugueses hacen que sea una referencia entre los principales países productores, con una posición destacada en crecimiento, entre los diez principales productores, con un 4% del mercado mundial.

Sin embargo, el mundo del vino en Portugal es desconocido entre nosotros. He aquí un breve repaso por su historia, muy ligada a nosotros, y los motivos que nos llevan a celebrar esta viticultura en Navaridas.

Las vides llegan a Portugal al mismo tiempo que los fenicios iban creando sus colonias, hace más de 4.000 años. Tras los fenicios y los griegos llegaron los romanos, que introdujeron nuevos avances en el cultivo de la vid. La Lusitania romana fue famosa por sus vinos y aceites, ya que la viña y el olivo son dos cultivos que coexisten bien sobre el mismo terreno.

Según escritos de la época, se cuenta que empezó a alarmar en Roma el prestigio alcanzado por los vinos de esta región, que llegaron a competir peligrosamente con los vinos de Italia. Así que el emperador Domiciano promulgó severas leyes prohibiendo el cultivo de la vid en las provincias sometidas, haciéndolas arrancar en muchos casos para reemplazarla por el cultivo de los cereales.

No obstante, la viña sobrevivió. Un hecho muy relevante para la expansión del cultivo de la vid fue el arraigo en estas tierras del cristianismo, pues contribuyeron a la incorporación del vino en los ritos religiosos.

En el siglo VIII, cuando los árabes ocupan la península, la viticultura desciende ya que este cultivo estaba sujeto a leyes coránicas. Pese a todo, los viñedos prosperaron gracias a que los cristianos continuaron con el cultivo y la elaboración del vino, sobre todo en los monasterios.

La explotación de este producto y el nacimiento de Portugal van de la mano. En el siglo XII, y especialmente con la dinastía borgoñona de Alfonso Enríquez, se potenció enormemente la viticultura, hasta extremos que ilustra un edicto de Sancho I, de principio del siglo XIII, que prescribía que "cualquiera que destruyera deliberadamente una cepa sería juzgado como si hubiera matado a un hombre". Tal era ya la transcendencia de este producto y la riqueza que generaba que, en 1364, el tribunal de Eduardo III estableció el precio máximo del vino vendido en Inglaterra.

De ello deja constancia, a través de los numerosos tratados firmados por la Corona lusa, que uno de los primeros y más fructíferos intercambios de Portugal con el norte de Europa (Inglaterra, Países Bajos y Alemania) fue el de los vinos. Como consecuencia el viñedo adquirió una gran importancia, extendiéndose por los márgenes de los ríos y por las zonas más ásperas y pedregosas. Hubo entonces que tomar medidas, limitándose como en la época romana la producción. Así, a lo largo de toda su historia, el viñedo portugués ha ido evolucionando al compás de éxitos y fracasos.

El Tratado de Windsor de 1386 entre Inglaterra y Portugal, que continúa siendo válido en el presente, estableció un pacto de ayuda mutua entre ambas potencias y refrendaba otro firmado entre Portugal e Inglaterra en 1373, considerado el más antiguo del mundo.

Este periodo posibilitó el comercio marítimo, favoreciendo en el siglo XV que Inglaterra se convirtiera en el primer consumidor de vinos portugueses gracias a este Pacto matrimonial entre el Rey Juan I y Felipa de Lancaster.

En la época de los Grandes Descubrimientos del siglo XV y XVI el vino portugués cosechó fama mundial y Lisboa se convirtió en el centro del comercio del vino. En aquellas nuevas tierras los navegantes descubrieron un nuevo mercado de venta.

El vino, que estaba durante meses en barcos, adquirió nuevas calidades y matices. Pero no solamente Lisboa era un polo del comercio del vino, también lo fue durante las primeras décadas del siglo XVII la ciudad de Oporto. Comerciantes de vinos ingleses, escoceses y holandeses se establecían en el lugar.

Durante esa época, a través del puerto de Viana do Castelo, localidad que vive en los siglos XV y XVI un gran periodo de esplendor, se enviaba el vino portugués a Inglaterra. La primera compañía extranjera que se implantó en el entorno de Oporto fue River Lima (Viana do Castelo) y en su ciudad gemela de Gaia. La influencia y poder de estas compañías se incrementó considerablemente a mediados del siglo XVII.

Los siglos posteriores supusieron un fortalecimiento de sus relaciones y prosperidad en la viticultura lusa. La amistad luso-británica se afianzó aún más debido a sus intereses coincidentes en contra de unos enemigos comunes como franceses y españoles, trayendo consigo importantes privilegios a los mercaderes ingleses de vinos y que se vio plasmado en el tratado de Westminster de 10 de julio de 1654 firmado entre la Commonwealth y el reino de Portugal bajo el reinado de Juan IV.

Tras las guerras con Francia, a finales del siglo XVII, Inglaterra prohibió la entrada de los vinos de Burdeos, firmando con Portugal el "Tratado de Methuen" de 1703, mediante el cual intercambiaban el monopolio del vino portugués con el de la lana inglesa. Con solo tres artículos, es el texto más breve de toda la historia diplomática europea.

Se le conoce también como “Tratado de los Paños y los Vinos” ya que en él se establecía que los portugueses comprarían paños y productos textiles solo de lana a Gran Bretaña y, como contrapartida, los británicos concederían trato de favor con exenciones tributarias y menos aranceles portuarios entre otras prebendas a los vinos procedentes de Portugal, que así quedaban mejor posicionados en el mercado inglés.

Por aquel entonces, empresas familiares de comerciantes italianos, portugueses y posteriormente también ingleses, establecieron negocios en la isla de Madeira como lanzadera del desarrollo del comercio con América. Así, las ventas de los vinos lusos iban creciendo y vendiéndose a precios cada vez más altos. Esta ventaja fiscal de los vinos portugueses continuó hasta 1860.

Viñedos en el rio Duero a su paso por Portugal
En el siglo XIX, como en toda Europa, las vides de Portugal se vieron afectados por varias plagas sucesivas: oídium y la filoxera. La entrada de esta enfermedad de los viñedos se produjo, a la vez, por varios puntos: Francia, Portugal, Alemania y Austria.

En Portugal la enfermedad del viñedo se expandió gravemente por el país, afectando en gran manera a las áreas de Vinho Verde y Douro pero no así a la comarca de Colares (Lisboa). Estas vides fueron las únicas de Europa que se salvaron de la catastrófica epidemia de filoxera importada de América a finales del siglo XIX. La filoxera, que destruye la vid alimentándose de sus raíces, no pudo penetrar la tierra compacta del litoral atlántico. Las vides crecen en un suelo arenoso sobre subsuelo de arcilla produciendo el famoso vino de Colares, un tinto con mucho cuerpo.

Las primeras décadas del siglo XX fueron, para los vinos portugueses, un periodo de reformas proteccionistas cuyos resultados no estuvieron a la altura de lo esperado e incluso fueron un hándicap para las empresas que no formaban parte del sistema.

Uno de los hitos más remarcables de la historia del vino luso surgió en 1942. En plena guerra mundial un joven emprendedor, Fernando Van Zeller Guedes junto con unos amigos, aprovechó las ingentes cantidades de uvas y vino almacenadas que a causa del conflicto bélico no podía exportarse, y produjo un vino rosado semidulce y semi gaseoso para su venta en el extranjero: Mateus Rosé. Fue tal su éxito, especialmente en América, que fue incorporado a las otras marcas de vino del país.

Después de la guerra, el mercado y producción del vino fue regulado por el Gobierno de la Dictadura de Salazar, con la creación de cooperativas; actualmente algunas de ellas son punteras en su sector, reformándose posteriormente gracias al ingreso de Portugal en la Unión Europea. Las ayudas e inversiones de Europa permitieron al sector del vino portugués modernizarse tanto en los viñedos como en las bodegas, así como en la creación de infraestructuras que permitieron un desarrollo enorme en el negocio y actividades económicas del sector vinatero.

Las nuevas oportunidades han permitido que aquellos productores que anteriormente vendían la uva a las cooperativas, actualmente empleen su know how en sus propios negocios, recuperen viñedos abandonados y trabajen con variedades y vides viejas.

Hoy en día los vinos de este país han alcanzado un prestigio y nivel como nunca antes.

© Copyright - Encuentro Histórico-Cultural del Vino de Navaridas